Vitamina E

La vitamina E tiene como función principal la de ser un antioxidante. Es decir, elimina los radicales libres, que son moléculas que contienen un electrón libre y que son capaces de dañar las células y el material genético, contribuyendo a la producción de diversas enfermedades, como aterosclerosis o cáncer, entre otras muchas enfermedades crónicas.

Además, esta vitamina se encuentra implicada en el funcionamiento del sistema inmunitario, la regulación de la expresión de los genes y otros procesos metabólicos. Las células con alto contenido de vitamina E de las de las paredes interiores de los vasos sanguíneos son más capaces de resistir la adherencia de sustancias a sus paredes. Además, esta vitamina tiene un efecto antiinflamatorio.

Principales fuentes de vitamina E

La vitamina E se encuentra en muchos alimentos*, principalmente semillas, frutos secos y aceites vegetales.

Aceite de germen de trigo. La fuente principal de vitamina E es el aceite de germen de trigo. Una sola cucharada contiene 20,3 mg, lo que cubriría las necesidades diarias de esta vitamina.

Le siguen, por orden de mayor a menos contenido en vitamina E, los siguientes alimentos: semillas de girasol, almendras, aceite de girasol, aceite de cártamo, avellanas, cacahuetes, aceite de maíz, aceite de oliva, espinacas, brócoli, aceite de soja, kiwi, mango, tomate, espinacas.

En el Dietary Guidelines for Americans, una guía editada por el Gobierno de Estados Unidos en 2010, se recomienda que para hacer una alimentación sana se incluyan los siguientes alimentos:

  • Una variedad de frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos y legumbres.
  • Leche y productos lácteos desnatados o semidesnatados.
  • Carnes magras, pollo, pescado, huevos.

Este tipo de dieta cubriría las necesidades diarias de vitamina E.

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